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Viernes 9 de abril de 2010
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El D’jango: Una leyenda de vaqueros, pero guachaca

A sólo una cuadra de la Alameda, desde 1969 una picada afirma a los compipas del centro que quieren dispararle al ruido de tripas del mediodía.

El D’jango: Una leyenda de vaqueros, pero guachaca

 

Por Dióscoro Rojas, guaripola guachaca
Carlos Carvacho, periodista

Por estos días, -así como que no quiere la cosa- el viento tibio del otoño empezó a pedir permiso para caminar como un peatón más por las veredas del centro-centro de Chaguito. El calor se supone que se comienza a retirar, y el día con el cambio de hora, nos parece más nostálgico al llegar la tarde-noche. Pero a eso de las doce del día, la cosa sigue siempre igual pascual: el paseo de allá pa’ acá de miles de compebres que no vienen aperados de la casa, y que buscan encontrar una oferta salvadora que los deje listos para llegar a dormir la siesta a sus escritorios.

ParÍs y Londres

La tarea es titánica, pero para ayudar a esos aproblemados próceres encorbatados, desde hace más de cuarenta años, a una cuadra de la Alameda y justo al final de los recovecos finolis del barrio París-Londres, el D’jango está para regalonear a sus fieles que peregrinan en busca de un sanguchito generoso o un buen almuerzo. Nosotros llegamos justo en medio de todo el chuchoqueo, como a las dos y el ceremonial del mastique estaba en plena faena. Seguían llegando cumpas de la muni, cabritos en moto, señoras con trajecitos de dos piezas, y un montón de otros compebres. "Aquí vienen de todos lados, no ve que está cerquita de todo", nos cuenta regalando una sonrisa, la señora Sonia Antinao, (más conocida como la señora Sonita) quien está a cargo de la cocina y de elaborar los sanguruchos que más tarde se mandarán al chope. Mientras conversa con nosotros y parte por la mitimota unas marraquetas, los papiadores que llegan al local la saludan con alegría y pasan derechito, como hipnotizados, hasta la escalera que da para el segundo piso donde están las mesas para entrar a tallar la hazaña. "Me gusta mucho trabajar acá, atender bien a la gente, que el cliente se vaya bien contento y agradecido de esta cosa de la gastronomía", remacha la señora Sonita, y se nota, porque los cumpas saben que acá vienen a la segura. "A mí me gusta que en los sándwich salgan las lonjas completas, de pernil, limpiecitas. Todo de lo mejor, cosa que la persona sepa que es bueno lo que se está comiendo, y que está bien fresquito. No como en otros lados que a veces a uno le echan puro despunte", nos cuenta preocupada.

Tallarines Vaqueros

Cuenta la leyenda, que el D’jango se llama D’jango en honor a las películas en las que no saldrían monos azules hablando cuestiones entre los árboles, pero teníamos flor de peleas de vaqueros malandras y que llenaban los teatros. Entonces los cumpas que en ese entonces estaban poniendo las primeras pipas por estos lados, quedó difariando con la película (parece que por las bailarinas de cancán) y lo bautizaron con ese nombre. Los peliculólogos llaman a todo ese cocido "spaguetti western", porque en ese entonces los pistoleros eran buenos para los tallarines y se fueron a Italia a grabar esas películas. En el D’jango no va a encontrar nada de esos lados, ni alguaciles, ni bandoleros que disparan vueltos pa atrás desde sus corceles, pero sí una bonita barra de pipas en el primer piso donde puede palabrear sobre sus aventuras de la vida.

Prietas con puré

Ahí se va a encontrar con el cumpa Luis Vilches, administrador del local que aunque las palabras no le sobran, de seguro estará atento a sus pedidos del mangiare. Aunque si anda con más tiempo o quiere quedar como rey junto a su pendorcha, le recomendamos subir a las mesitas del segundo piso y preguntar por bondades como las chuletas y las prietas, las que puede acompañar con puré o una ensaladita si anda cuidando su línea. "Las prietas las mandamos a hacer especialmente para nosotros, son exquisitas, llevan nueces, almendras, tocino y cebollita picada", nos cuenta para callado Sonita, pero también se da el tiempo para rayarle la cancha a los cumpas "Acá no hay ni mayonesa, ni kétchup, ni mostaza. Puro pebre cuando nos piden algo de eso yo los agarro para la palanca y les digo que se equivocaron de Mac Donald’s, o que está allá al frente", remacha.

Tranquilein John güein

Ella es como la mamá de todos los vaqueros y vaqueras que llegan a estos lados y se preocupa de que todo ande de primera. Cuando le traen las chuletas por ejemplo, las revisa bien revisadas, que no vengan muy cargaditas a la grasa y que anden más menos parecidas en el porte, porque o sino los comensales se le sienten. Acá no hay privilegiados, son todos iguales. Incluso les guarda secretos "Hay una señora que a veces la vemos con una persona de la mano, y después con la otra, o algunos caballeros que cambian de señora. Uno se ríe nomás, pero nos hacemos los lesos, somos parte del secreto", nos aclara la señora Sonia. Así que todo tranquilein John güein.

 

Publicado por: Administrador Comunidades La Nación
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