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Viernes 19 de marzo de 2010
SOLIDARIDAD Volver Enviar Imprimir

Las vivencias en Pelluhue de la compañía la Candelilla

Recobrando sonrisas

Llevé por unos momentos la alegría de los títeres. Niños y adultos recobraron la sonrisa, esa sonrisa que fue arrebatada por el terremoto y maremoto del 27 de febrero pasado.

Recobrando sonrisas

Texto y fotografías: Elizabeth Guzmán

Paseábamos con mi compañera de la Experimental Artística y a pesar de recuerdos felices tuvimos una tarde lánguida, quizás, vaticinando lo que acontecería.

En la madrugada

Desperté con la voz de mi pequeña, temblaba cada vez más fuerte, un ruido subterráneo, el azote era implacable ¡creí que mi casa estallaría¡. "Fue terremoto". Instruí a mis hijas: cuidado esto puede volver, comencé a pensar que tiene que haber sido más fuerte en alguna otra parte, y sí, una radio a pilas nos contó la tragedia. Mientras escuchaba las ciudades afectadas me estremecía pensando en todos los lugares pequeños del alrededor, esos que junto a mi padre habíamos recorrido con nuestros títeres, después de hacer funciones en las ciudades grandes nos íbamos a las escuelas rurales de Cauquenes, Chanco, Curanipe, Pelluhue. Ahí los niños nos recibían animados, ayudaban a armar el teatrino, trepaban acomodando los cables del sonido, disfrutaban tanto, incluso muchos jamás habían visto títeres, los profesores nos felicitaban por llegar a donde nadie llega.

Al encuentro de Pelluhue

Avanzan las horas y la pregunta es solamente una: ¿están bien? Sí. Teléfonos colapsados. Igual puede venir el maremoto comentamos. Se va el día, las horas pasan, no hay energía eléctrica, las cúpulas de las iglesias están en el suelo de Santiago, edificios nuevos en Maipú con daños, un puente roto en Américo Vespucio, autos que cayeron al vacío, se escucha aullar perros y la noticia fatal era un hecho: maremoto. Escucho por radio la infinidad de lugares devastados por el mar, y también Pelluhue, mi sangre se hiela. Llamo a Chanco, los teléfonos no responden. Casi como un milagro puedo comunicarme. Digo: hola, Marcelo ¿cómo están?, ¿cómo está Pelluhue? Y del otro lado de la línea me responde Marcelo Waddington, concejal de Chanco: "La tendalá nomá". Yo le digo, voy para allá con mis títeres, me responde: "No amiga, aquí está todo mal, deja pa’más adelante". Yo le rebato que no, los niños nos necesitan ahora, conseguí mis pasajes en el CCE, el concejal Carlos Soto me llevará hasta el terminal de buses. Finalmente desiste y me dice: "Bueno amiga venga, se lo agradezco".

Inocencia de niña

Cargo la camioneta con el equipo de sonido, mi saco de dormir y el emblemático Cocodrilo Tilo, un beso a mi Fernanda, chao mamá que te vaya bien. Preparo mi corazón, fuerza Eli. Toda mi vida he sido titiritera, he actuado en grandes teatros, he viajado por muchos países, pero mi alma siempre se quedó con el pueblo, ese pueblo sensible, trabajador, amable y cariñoso que comparte su pan y su abrigo agradecido por ver reír a sus hijos. Ahora, esos hijos estaban desamparados, sin un techo, sin sus camas, sin sus juguetes, sólo con una incógnita de futuro.

Ya tuve tiempo de amar, de construir mi casa, de gozar mi arte, ahora viene el tiempo de dar a quienes lo han perdido todo. Ya en Chanco la situación hay que vivirla, olor a polvo, casas derrumbadas, Rosario me muestra sus heridas leves en la piel pero traumáticas para una niña de 12 años, "cayó el techo encima mío", me cuenta. Veo la ayuda recopilada en Panelco por particulares en Santiago. Faltan manos para su repartición, armé mi carpa.

Y tu mamá también

Temprano nos fuimos a Pelluhue. Nos recibió gente del municipio, vi como el mar había arrasado con la municipalidad, luego alerta de tsunami, Marcelo entregó las llaves del jeep a Alejandro de Relaciones Públicas y subimos la cuesta, seguían réplicas, arriba veía agitarse los peñascos. Por fin en un campamento, cargando jugos, juguetes y un puñado de títeres para ofrecer la ilusión de un mundo mejor. Los adultos no concebían y decían: "¿cómo títeres?" Armé mi teatrino, busqué a los niños en las carpas y nos sentamos gritando ¡títeres! Un pequeño preguntó: "¿puede venir mi mamá?" Sí y todas las mamás. Lentamente comenzó a llegar la familia, carcajadas, temblaba la tierra pero nadie se asustaba y yo seguía adelante. Expliqué que debemos visitar más campamentos y en eso sonó un celular un niño de 6 años, contestó eufórico: "¡hola, estamos súper bien, nos trajeron títeres!". Levanté la cabeza y observé los ojos de su padre con una profunda felicidad, ese fue el estímulo al esfuerzo y el empuje a seguir la tarea.

En cada rincón

Repetimos la experiencia por Curanipe, Las Petacas, La Vega y Chanco. Impresiona cómo la magia de los muñecos logra abstraer a niños y adultos de tanta desolación. La solidaridad es grande, comencé sola con mis títeres, terminé con el Huaso Porfiado y una caravana repartiendo lo enviado y recobrando sonrisas.

Llegué bien a casa, el miedo sufrido la noche del terremoto se esfumó con la alegría de los niños esparcida en la brisa marina. ¿Qué se viene ahora? Seguir trabajando.

Carlos theatre desde Oslo envió su aporte para que Candelilla haga funciones a los niños que aún tienen miedo en la población Santa Adriana y la Escuela de Títeres hará 80 muñecos para Chanco y solicitaremos más aportes que nos ayuden a llevar funciones a otros pueblitos devastados. Así los niños que lo perdieron todo vuelvan a reír y recobren por un momento la felicidad que el terremoto y maremoto les arrebató.

 

Publicado por: Administrador Comunidades La Nación
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